El Ministerio de los Andares Tontos

Ridículo, fantasioso, estúpido, son parte de los calificativos volcados sobre el Registro Nacional de las Necesidades de Cada Persona, propuesto por José Antonio Meade al ser ratificado como candidato presidencial del PRI. Este mecanismo para identificar y atender individualmente los apuros personales fue incluso equiparado a un sketch de Monthy Pyton, el grupo de comediantes británicos creadores del Ministerio de los Andares Tontos, dedicado a subsidiar formas risibles de caminar. La propuesta del abanderado del PRI no merece estos adjetivos, ni la comparación humorística.

Hasta donde se conoce, el Registro consistiría en la recopilación de información individualizada sobre lo que las personas requieren para ejercer sus derechos sociales (alimentación, salud, educación, vivienda y seguridad social) y para mejorar su productividad (educación, capacitación laboral, financiamiento), lo que funcionaría como una herramienta para encauzar los programas sociales hacia las dimensiones y grupos prioritarios, de acuerdo con lo expresado por cada beneficiario potencial.

Para entender el Registro, es necesario distinguir deseos de necesidades. Todos los individuos tienen una infinita cantidad de deseos que quisieran satisfacer, pero sus necesidades pueden delimitarse como el incumplimiento de sus derechos sociales. Si bien ésta no es la única forma de concebir lo que es necesario sí es la que se ha adoptado oficialmente para la medición de la pobreza que realiza el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Medir estas necesidades de forma individualizada no es ridículo, ya lo hace a nivel agregado el CONEVAL.

 

"El Ministerio de Andares Tontos"  es un sketch de Monty Python's Flying Circus, una telecomedia británica de la década de los 70's

 

Por otra parte, la medición de las necesidades de cada persona ya viene realizándola desde 2015 el Sistema de Información Social Integral (SISI) de la Secretaría de Desarrollo Social. El SISI reúne la información sobre carencias de los beneficiarios y potenciales beneficiarios de los programas de desarrollo social operados por todos los niveles de gobierno. Este sistema se ha venido construyendo con el apoyo del Banco Mundial y contiene información socioeconómica de más de 20 millones de personas, con la cual es posible caracterizar el 36% de la pobreza general. Medir las necesidades de forma individualizada no es una fantasía, es la continuación de lo que ya se hace.

 

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Finalmente, agregar a la información de necesidades la de aquellos requerimientos ligados a la productividad de las personas puede ser la admisión de errores de diseño de la política social, pero no es estúpido. La dimensión de ingresos, ligada a la productividad de las personas, ha sido el factor crítico para no observar avances significativos en la reducción de la pobreza. Una parte de este estancamiento puede deberse a que los programas productivos no están en sintonía con los requerimientos de las personas, aún sin las irregularidades que ha expuesto la Auditoría Superior de la Federación al respecto.

El Registro ¿Es, entonces, una propuesta seria, práctica e inteligente? No necesariamente. Responder esta pregunta requiere conocer el detalle de sus objetivos, su implementación y su uso. Lo que sí se puede afirmar es que la mera propuesta del Registro pasa por alto uno de los problemas centrales de la política social. Tenemos 6,491 programas y acciones sociales en todo el país, según el CONEVAL, lo que representa un caldo de cultivo para dispersar esfuerzos, desviar gasto social a clientelas y desperdiciar recursos fiscales.

Atender el problema de fragmentación, corrupción e ineficiencia de la política social no es una cuestión exclusiva ni principalmente técnica. No basta con generar y mantener un registro de las necesidades de la población para que paternalmente los gobiernos las atiendan de forma individualizada y correcta. Se trata de erradicar la discrecionalidad, opacidad y clientelismo del Ejecutivo Federal, los gobernadores, los presidentes municipales, y en buena medida de los legisladores, ciñéndolos a nuevas reglas para realinear el gasto social. Este es un asunto político.

 

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En suma, el Registro Nacional de Necesidades de Cada Persona no es una ocurrencia absurda, delirante y torpe. Al contrario, parece una oferta conservadora, hasta cierto punto redundante, pero correctiva de la política social, que abona al continuismo de esta última. No merece el escarnio público, sino el aprecio técnico reservado a una pieza útil. No es la más grande de las ideas, pero tampoco una caminata tonta.

El Ministerio de los Andares Tontos fue elegido en el Reino Unido como el decimoquinto mejor sketch humorístico de todos los tiempos, probablemente por su gran atrevimiento, originalidad e ingenio para su época. En estos aspectos, mientras no se replanteen profundamente las bases de la política social, el Registro Nacional de Necesidades de Cada persona palidece en comparación. Por favor, no comparen.

 

Twitter: @equidistar