¿Estamos en Bancarrota?

En 1979 Walter Wriston, entonces presidente de CitiBank en EEUU declaró textual: “prestémosles a los países, pues esos nunca se van a bancarrota”.

Tres años más tarde México declara que no podría cumplir con sus compromisos de deuda. Esto fue considerado como la bancarrota del país. Las consecuencias son de sobra conocidas: la década perdida.

Para diciembre de 1994, el país atravesó nuevamente problemas para cumplir con sus compromisos de deuda. Aunque en esa ocasión el país no se encontraba tan endeudado y más bien atravesaba una crisis de liquidez pues se aglutinaron los vencimientos de la deuda en el corto plazo. 

Sin embargo, fue eso, una crisis de liquidez y no de solvencia por lo que no puede decirse estrictamente que ese año el país estaba en bancarrota. Tan es así que la administración Clinton le tendió la mano al gobierno mexicano. Es decir, estaba consciente de que no era un problema de solvencia.

Desde entonces México no ha atravesado por un episodio similar (ni siquiera en 2008-09), por lo que no puede decirse que el país está en bancarrota. No obstante, el país sí se encuentra sobre-endeudado, aunque con vencimientos de la deuda muy esparcidos en el tiempo, por lo que existe una baja probabilidad de que no podamos cumplir con los compromisos de deuda.

Es cierto que derivado de este sobreendeudamiento del país el costo financiero de la deuda aumentó (aunado a que las tasas internacionales de interés han comenzado a elevarse); y esta partida se ha “comido” buena parte de los recursos provenientes de la reforma fiscal aprobada en 2013 y que entró en vigor en 2014.

Esto le ha quitado grados de libertad presupuestaria al nuevo gobierno, por lo que, al no tener la intención de elevar los impuestos, no podrá contar con mayores recursos para hacer frente a las grandes necesidades de gasto que tiene el país.

Esto es, debido al manejo alegre de las finanzas públicas de esta administración que concluye, se cuenta con un reducido margen para cumplir con algunas de las promesas de gasto que se hicieron durante la campaña. Esto es tal vez lo que quiso decir el presidente electo cuando afirmó que el país está en bancarrota.

Paralelamente afirmó que el país ha crecido muy poco durante los últimos 30 años, lo cual es hoy día una verdad de Perogrullo.

Es cierto, desde el punto de vista económico, el presidente electo no ha usado las palabras correctas para referirse al mal manejo de las finanzas públicas de la presente administración. 

Pero cabe la posibilidad de plantear otra hipótesis: AMLO sí está consciente de lo aquí expuesto, pero trata de mandar señales a los funcionarios hacendarios de la administración saliente que, según algunos trascendidos, han estado filtrando diversas notas a la prensa en el sentido de que la administración entrante no está “entendiendo” algunos elementos de finanzas públicas. 

El terciopelo con el que se estaba llevando a cabo la transición, al parecer se está tornando rugoso con el paso de las semanas. En las propias palabras de AMLO se trata de un “estate-quieto”.