Reformar el Sistema Nacional de Planeación Mexicano

La construcción de infraestructura que existe actualmente es limita la posibilidad de detornar el desarrollo regional debido a su falta de planificación y coordinación.

Hace un poco más de una década realicé un estudio sobre planeación en infraestructura pública para el Banco Mundial (IPER, 2006)[1].

A la postre se convirtió, en buena parte, en el Programa Nacional de Infraestructura Pública de la administración de Felipe Calderón, mismo que solo sirvió para eso: cumplir el requisito de presentar un programa en ese renglón, como lo marca la ley, pues solo se cumplió marginalmente, tanto a nivel institucional como a nivel de gasto público prometido (el argumento razonable de la drástica reducción de ese rubro fue la aparición de la crisis del 2008-09, aunque los precios del petróleo se redujeron hasta el 2013).

En ese documento la falta de coordinación en la planeación de la infraestructura se señalaba como uno más de los principales obstáculos para que la misma impactara en reducir la desigualdad regional.

Esa falencia al interior del gobierno se da en todos los niveles: entre secretarías de estado (a pesar de la existencia de las comisiones intersecretariales) y hasta dentro de las mismas, por irrisorio que parezca.

Hay anécdotas interesantes para 2006, en una de ellas, el coordinador de puertos de entonces se quejó ante la delegación del Banco Mundial que el Jefe de la Unidad de Autopistas no priorizaba las carreteras que conectarían a un puerto con el resto del país. Es decir, de nada servía modernizar el puerto si no se planeaba una carretera que lo conectara con el país. La modernización del puerto terminaba por ser un elefante blanco más en las administraciones presidenciales.

Anécdotas como esta abundan en todo el sector público. Uno de los motivos es la falta de coordinación entre las entidades públicas en materia de infraestructura y es la falta de una unidad que las coordine, para primero realizar una adecuada planeación que sirva como detonante de desarrollo regional, y segundo para verificar que se ejecute correctamente.

 

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Esta entidad existía hasta 1992 cuando desaparece la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP), antes Secretaría de a Presidencia. La eliminación de ésta y su fusión con la SHCP trajo como consecuencia el desorden en la planeación de la construcción de infraestructura.

Hoy día, la subsecretaría de egresos de la SHCP, que debía haber realizado las funciones de la otrora SPP, solo sirve para hacer la contabilidad del gasto así como su control. Es solo una “cuentachiles” a nivel federal.

Es cierto, que había desventajas de la anterior estructura. La principal que se adujo es que el secretario de SPP es el que gastaba y la SHCP es la que ingresaba los recursos y por ello estaba expuesto a búsqueda de rentas -económicas y políticas. No en balde tanto De la Madrid, Salinas de Gortari y el propio Zedillo, habían sido ministros de la SPP. Pero el costo de la fusión ha resultado muy alto para el país.

La construcción de infraestructura es hoy limitada para detonar desarrollo regional; el gasto social está completamente atomizado; y, más importante, el impacto del gasto público ha perdido potencia para impulsar la demanda agregada.

En esto coinciden varios ex funcionarios de la desaparecida SPP y de la nueva subsecretaría de Egresos de la SHCP, a quienes entrevisté en su momento, como parte de un documento que elaboré para contar la historia de la subsecretaría de egresos.

Las comisiones intersecretariales no han funcionado para remediar esto, coinciden todos ellos. Con la estructura actual, el buen funcionamiento público depende de si el presidente en turno tiene claro esto, y por supuesto, si sabe coordinar y verificar la ejecución.

En el caso del Presidente Zedillo, la ausencia de la SPP no se notó porque él había sido ministro de esa secretaría, y supo liderar la planeación. Pero los siguientes tres presidentes ni siquiera han tenido claro este problema (ni sus brillantes asesores cercanos). Hay que resolverlo de alguna manera.

En suma, para cualquiera que vaya a ser el nuevo gobierno, es necesario que modifique el Sistema Nacional de Planeación, y que institucionalmente le dé las herramientas necesarias para llevarlo a cabo. La actual estructura orgánica del gobierno federal no es la idónea para ello.

 

[1] El estudio es extenso, y mi contribución fue elaborar el capítulo de planeación. Infrastructure Public Expenditure Review, World Bank, 2006.