¿Oportunidades sin empleos?

Pasó ya más de una década de mi única incursión en la función pública, como Director General de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Desarrollo Social. Tenía apenas algo más de dos meses cuando al PRI se le ocurrió perder y yo, sin ser priísta, supuse que mi vida burocrática no pasaría de unos cuantos meses. No me había encanchado, cuando me vi inmerso en el trance de preparar la entrega de mi enorme y fea oficina.

Corrieron esos meses con la expectativa de que Carlos Jarque repitiera en el cargo o asumiera otra responsabilidad en el nuevo gobierno. Después de todo, no era un típico político del PRI, sino un técnico al que se le reconocía su buen desempeño al frente del INEGI y de la Secretaría. Al final nada se concretó y los pocos espacios que quedaban libres en el gabinete, tuvo que cederlos Fox al PAN, que con toda razón los exigió para su gente. Las tres secretarías que ofreció al PRD y que Cuauhtémoc Cárdenas rechazó, fueron ocupadas por mujeres panistas, entre ellas Josefina Vázquez Mota, cuyo suave discurso fue suficiente para convencer a Fox, en una sola entrevista, de que era la persona idonea para dirigir la política social.

Me encontró diciembre en mi oficina, sin saber sí lo seguía siendo. Pronto fui convocado a mi primera reunión con la secretaria, quien no me había ratificado, pero tampoco me había corrido. Acabó por confirmar mi nombramiento y trabaje con ella por dos años y medio, hasta que decidí que no tenía mucho más qué hacer en un equipo al que nunca pertenecí del todo.

Llamó mi atención que una de las primeras decisiones de la nueva secretaria fuese conservar el PROGRESA, ingenioso acrónimo del Programa de Educación, Salud y Alimentación. Aplaudí la decisión de mantener un programa del PRI, lo que erróneamente interpreté como una señal de que el nuevo gobierno tendría la madurez suficiente para reconocer los aciertos de su predecesor. En definitiva no me gustó el cambio de nombre por el de Oportunidades, que me pareció algo cercano a un plagio.

En resumen, se trata de apoyar a las familias pobres con transferencias de dinero en efectivo, condicionadas a que acudan a la clínica y que los hijos vayan a la escuela. Los complementos alimenticios, tanto para las madres gestantes como para los niños, son parte importante del Programa que el PAN hizo crecer significativamente. El presupuesto de egresos de 2014 le asignó más de 74 mil millones de pesos.

Los "graduados" de Oportunidades, esto es, los jóvenes que concluyen los estudios bajo el amparo del programa, llegan al "mercado de trabajo" mejor alimentados, más saludables y con una base educativa, que si bien deja mucho que desear, al menos debiera permitirles aspirar a un empleo digno, como se supone debe ser el trabajo formal. No obstante, se enfrentan a la triste realidad de que tales empleos son para muy pocos y no precisamente para quienes intentan salir de la pobreza. El paraíso changarrero de Vicente Fox, una de sus muchas ocurrencias, fue un gran fracaso, como casi todo en su gobierno.

Para casi todos ellos, la única opción es la economía informal, como vendedores ambulantes, piratas de todo tipo, cargadores de frutas, taxistas o qué se yo, condenados a seguir en la pobreza. En el mejor de los casos, cruzarán al otro lado a probar suerte en el sector de los servicios, con la esperanza de alcanzar el sueño americano. Pero si la suerte no les sonríe, si se cansan de intentarlo, si los atrapan en el camino o si simplemente les gana la ambición, acaban sirviendo al narco –y desde luego que son menos culpables que quienes los han puesto en esa circunstancia–. Me temo que muchas de las víctimas de los sicarios, son "graduados" de Oportunidades, lo que es relativamente fácil de corroborar, cruzando los padrones de los beneficiarios con las listas de los muertos y desaparecidos.

Tras mi paso por la Sedesol me di cuenta que no se dedica realmente al desarrollo, sino a la asistencia, pues no hay desarrollo sin trabajo y mientras los programas sociales no ayuden a generar empleos formales, seguiremos destinando sus recursos en acciones que sirven para mantener pobres a los pobres, que sin duda son buenos clientes electorales, pero que no hacen crecer la economía.

De cualquier manera, de poco sirve un trabajo mal remunerado y mientras sigamos creyendo que nuestro mejor argumento para competir en el mundo globalizado es la mano de obra barata, por cada peso que destinemos al asistencialismo, deberemos destinar varios más a defendernos de los violentos. Seguiremos viviendo con miedo, pero eso sí, con la conciencia tranquila.