Economía bajo el ciclo político

Este ciclo político-electoral traerá beneficios transitorios para la economía del país

La economía mexicana perdió fuerza en el 2017, como se esperaba, dada la confluencia de factores internos y externos y la llegada del ciclo político. Sin embargo, en el 2018, el gasto electoral le dará un impulso transitorio a la economía.

El año pasado la economía repitió la tradicional desaceleración del quinto año de gobierno. En el año previo a la elección presidencial, el gobierno generalmente desacelera la economía con el fin de reducir los desequilibrios acumulados y dejarla en forma para un repunte en el sexto año cuando se celebra la elección.

En el 2018 el país celebra elecciones para presidente y para renovar el Congreso. La economía se verá beneficiada por el efecto contrario: expansión del gasto político-electoral.

 

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Primero, desde el comienzo del 2017, la economía mexicana fue azotada por la creciente incertidumbre generada por la agresiva retórica anti-comercio e inmigración del nuevo gobierno estadounidense. Como resultado de ello, se cancelaron algunas inversiones en el sector automotríz y de aparatos para el hogar, así como también se pospusieron algunos planes de ampliación de empresas con inversiones en México.

La incertidumbre, reflejada en los mercados financieros, también afectó decisiones locales de inversión y consumo en el país.

Segundo, dada la acumulación de rezagos en precios y la significativa corrección en el tipo de cambio, el gobierno tuvo que liberar precios y tarifas públicas, lo cual generó una realineación general de precios en el 2017.

Así, la inflación repuntó desde tasas por abajo de su objetivo hasta tasas de más del doble, alcanzando 6.8% a finales del 2017, la tasa más alta en los últimos 17 años. Esto afectó decisiones de consumo y crédito.

 

El gasto electoral terminará beneficiando a la economía del país

 

Tercero, a inicios del 2017, el gobierno anunció un ajuste presupuestal, con el fin de contener la aceleración del desequilibrio fiscal y la deuda pública. La reversión monetaria también tuvo que ser acelerada a medida que la inflación deterioraba las expectativas y alimentaba una realineación de precios más prolongada.

Este ajuste de política económica es tradicional en el quinto año de gobierno y tiene como objetivo enfríar a la economía para corregir las distorsiones acumuladas.

De esta forma, durante el 2017, la volatilidad cambiaria, la incertidumbre con respecto a la renegociación del TLCAN, la inflación galopante, el ajuste fiscal y el alza de tasas de interés impusieron un freno al consumo y la inversión, afectando con ello el desempeño de la economía, a pesar de la mejoría en las exportaciones netas.

Así, el PIB comenzó a desacelerarse desde el segundo trimestre, al pasar de una tasa anual de 3.2% en el primer trimestre a 1.9% y 1.5% en el segundo y tercer trimestres. Las cifras ajustadas por estacionalidad pasaron de un crecimiento trimestral de 0.55% en el primer trimestre a solo 0.28% en el segundo y a una contracción de 0.29% en el tercero.

 

La actividad económica avanzó a una tasa promedio de 1.5% en octubre y noviembre y muy probablemente terminó el cuarto trimestre con un crecimiento similar.

La economía probablemente creció en el 2017 a una tasa alrededor de 2%, después de un 2.9% en el 2016 y 3.3% en el 2015. Así, en el 2017 se repitió la tradicional desaceleración del quinto año de gobierno.

 

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Para el 2018, la economía se enfila a repetir su historia del sexto año de gobierno, con una aceleración del crecimiento ocasionada por los efectos expansivos del gasto electoral: el tradicional ciclo político de la economía. El crecimiento podría alcanzar un 2.5% en el año.

En esta etapa del ciclo político, la política fiscal generalmente produce un sentimiento de bienestar social, que ayuda a mejorar las preferencias electorales hacia el partido en el poder, aunque no necesariamente le asegura la victoria.

 

Twitter: @AlfredoCoutino


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