Perspectivas económicas en un año de reformas

Después de la profunda desaceleración de inicios de sexenio en el 2013, la cual sorprendió al nuevo gobierno, las perspectivas para el 2014 se ven mejor sobre todo por el clima positivo que ha generado la aprobación de nuevas reformas en el país. Sin embargo, a pesar de que las reformas ya están aprobadas y de que se implementen en el presente año, sus efectos directos se van a materializar en el mediano plazo. Así mismo, es importante considerar que el impacto económico va a depender de la magnitud del cambio estructural que produzcan.

El 2014 va a ser un año de recuperación del crecimiento económico, no solo por las nuevas reformas sino también por la desaparición de los efectos contraccionarios del ciclo político que se presentaron en el 2013. El crecimiento mayor del 2014 también va a tener un componente aritmético positivo que resultará de la comparación con los bajos niveles de producción en el 2013. Es de esperarse que la economía mexicana pueda remontar el crecimiento a una tasa de entre 3% a 3.5% bajo condiciones normales de operación. El efecto contraccionario de los impuestos se espera que sea neutralizado en gran medida por el mayor gasto público.

Sin embargo, si la reglamentación secundaria de las reformas aprobadas, sobre todo si la energética produce una apertura significativa de la industria petrolera capaz de atraer montos de inversión importantes, entonces la economía puede alcanzar un crecimiento mayor, como sucedió con las reformas implementadas en la década de los 90s. Bajo este escenario, la economía podría alcanzar un crecimiento mayor a 3.5%.

Es importante considerar que el impacto de las reformas en el 2014 va a ser marginalmente un efecto indirecto resultado del clima positivo y expectativas generadas en los mercados, lo cual va a ayudar a las decisiones de consumo e inversión de los agentes en la economía. Sin embargo el efecto directo de las reformas, en términos de aumentar la capacidad productiva del país se va a sentir más en el mediano plazo cuando las inversiones se hayan realizado y los procesos productivos empiecen a madurar, sobre todo en la industria petrolera y de electricidad.

Por lo tanto, la prueba de fuego de las reformas va a estar en la capacidad de generar cambios estructurales de fondo que realmente se materialicen en un aumento de la capacidad productiva del país y consecuentemente en un mayor crecimiento potencial de la economía. Es importante recordar que la capacidad productiva potencial se construye a través del tiempo por medio de acumulación de capital físico, elevación de la calidad del factor trabajo y por el acceso al cambio tecnológico. Si las reformas aprobadas logran aumentar estas fuentes del crecimiento permanente, entonces la economía mexicana podría elevar su capacidad productiva potencial en el mediano plazo, la cual no va más allá de 3% en el presente.

Para poder crecer a tasas sostenidas y saludables de entre 5% y 6% en el mediano plazo, la economía requiere aumentar la acumulación de capital físico de tal forma que el coeficiente de inversión a producto se incremente del actual 22%  hasta un 26 o 27%, como sucedió al final del año 2000 cuando la economía creció precisamente a una tasa superior a 5%. Esto implica un esfuerzo importante de inversión tanto del sector público como del privado que podría requerir niveles de nuevas inversiones de alrededor de 50 mil millones de dólares anuales.

En materia de inflación se ve difícil que el país pueda lograr una tasa anual menor a 4% en el presente año, sobre todo por el impacto en precios de los nuevos impuestos. Solo el incremento de casi 10% a las gasolinas en el año producirá un aumento en la inflación anual de casi medio punto porcentual, únicamente como impacto directo. Si se considera que el desliz es administrado a lo largo del año y que ello produce una realineación de otros precios en la economía, entonces el efecto acumulado puede ser mayor. Si a eso le agregamos el impacto de los nuevos impuestos y el ajuste de precios y tarifas del sector público por encima de la inflación objetivo de 3%, entonces se ve difícil que la inflación termine por abajo de 4% al final del año.

En cuestión de empleo, es cierto que las nuevas inversiones atraídas por las reformas puedan generar nuevos empleos, pero también es cierto que algunos trabajos van a tener que ser liquidados ante los nuevos procesos de restructuración y eficientización de los procesos productivos. De hecho, si la economía mexicana efectivamente logra un aumento importante de la productividad como lo establecen las autoridades en el programa económico sexenal, entonces la generación neta de empleo puede ser limitada precisamente por el desplazamiento del trabajo que genera la ganancia en productividad.

Por último, en una economía abierta con libre movilidad de capitales y por ende con un sistema cambiario flexible, las entradas masivas de capital atraídas por las reformas van a tener que compensarse con una ampliación del desequilibrio externo. A menos que se administre el tipo de cambio a través de una aceleración de la acumulación de reservas–lo cual se ve poco probable, el destino de la cuenta corriente del país se moverá hacia una posición de deterioro en los próximos año. Este podría ser el precio a pagar por las reformas. En otras palabras, la cuenta externa podría ser la víctima del éxito reformista del país.