AMLO: su cita con la historia

El objetivo fue planteado por el propio Andrés Manuel López Obrador el día de su victoria electoral: “quiero pasar a la historia como un buen presidente” pero, ¿Qué implican sus palabras?

Él mismo planteó las métricas y referencias bajo las cuales busca medir el éxito de su gestión: de acuerdo con la óptica del Primer Mandatario, la Cuarta Transformación (4T) deberá representar un cambio estructural en la vida de México como en su momento lo fueron la Independencia, la Reforma y la Revolución, las tres grandes transformaciones previas.

Dado que los procesos citados fueron realizados por personajes históricos como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez, Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide, Benito Juárez, Sebastián y Miguel Lerdo de Tejada, Francisco I. Madero, Francisco Villa, Emiliano Zapata y Venustiano Carranza, entre muchos otros, pareciera que el presidente López Obrador busca realizar una tarea que lo ubique en la historia de México en un lugar similar a los nombres citados.

Sin lugar a duda que la meta es ambiciosa y que tiene el derecho a planteárselo como un objetivo de vida, sin embargo debe tenerse claro que representa un reto de magnitud histórica no únicamente para López Obrador, también constituye un enorme desafío para los integrantes de su gabinete.

Se debe ser claro: ninguna de las transformaciones anteriores fue realizada por un solo hombre, todas se construyeron sobre los hombros, inteligencia y fortaleza de convicciones de personas comprometidas con el futuro de México. Por eso pasaron a la historia. No deseaban sólo estabilizar, deseaban desarrollar una gran nación.

 

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De igual forma se debe recordar que ninguno fue un proceso temporalmente inmediato, todos ellos se gestaron a lo largo de lustros y en ocasiones de décadas. Fueron periodos convulsos que gestaron sus propias instituciones, virtudes, logros, contradicciones y ocaso. Antes de transformar debieron gestar una transición, revertir las inercias negativas para iniciar un nuevo camino.

En este sentido, la 4T se encuentra a prueba desde el día que siguió a su victoria: el periodo de transición debió servir para la conformación de un equipo de trabajo y planes de gobierno elaborados a detalle, técnicamente sólidos y con el sentido social que López Obrador desea imprimir a su gobierno.

 

Sin lugar a duda que la meta es ambiciosa, sin embargo debe tenerse claro que representa un reto de magnitud histórica no únicamente para López Obrador, también constituye un enorme desafío para los integrantes de su gabinete.

 

La prueba real comenzó a partir de primero de diciembre pasado. En ese momento el grupo de políticos que arropó a López Obrador durante su campaña, y desde muchos años antes, debió comprender que deberían transformarse en administración pública, dejar atrás parte de los usos y costumbres que le dieron fortaleza a su carrera política para TRANSFORMARSE en servidores públicos orientados a resultados.

La primera directriz que rige su desempeño debió emanar de la función que ocupan: salud, educación, economía, seguridad pública, comunicaciones y transportes, por citar algunos ejemplos. En cada una de esas tareas no se requiere a un político, se necesita de un funcionario profesionalmente calificado para ejecutar la función que le fue encomendada y que comprenda el momento político e histórico que le dio la oportunidad de servir a México.

Una segunda directriz corresponde a los lineamientos que el propio mandatario les dio y que enmarcan las características distintivas que López Obrador desea para su gestión.

 

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La tercera se encuentra en la libertad respecto a grupos de interés. Transformar a México requiere de evitar compromisos que llevaron al Estado Mexicano a ser un Estado Corporativo Capturado.

En principio, si se realizó el diagnóstico correcto, se planeó de manera acertada y se integró un gabinete técnicamente sólido y comprometido, los resultados deberían estar alineados al objetivo central planteado por el presidente López Obrador “quiero pasar a la historia como un buen presidente”.

¿Qué están sembrando para que el país enfrente exitosamente el desafío tecnológico, educativo, social y económico de los años por venir y no solamente los rezagos heredados del modelo neoliberal?

Poco a poco se conocerán los resultados iniciales de la actual administración pública y si su gestión hará alcanzable el objetivo presidencial de hacer historia en una talla similar a la de Benito Juárez.

¿Tendrá el actual gabinete la dimensión histórica para superar lo que Cosío Villegas planteó en La crisis de México?: entre otras cosas el magro avance social y económico alcanzado por algunos de los movimientos que dieron vida a nuestra nación. Esa pregunta la deberá responder el propio mandatario en función de resultados, la única fórmula que se debe utilizar para evaluar a un administrador público.

 

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La celeridad y profundidad que López Obrador le desea imprimir a la 4T le deben llevar a evaluar objetivamente el avance real de su proyecto y ponderar la necesidad de que la transformación deseada tenga un periodo previo para crear la Transición para la Transformación, aunque esta llegue después del 2024.

Para Cosío Villegas “el primer fracaso de la revolución fue político” (Jesús Herzog-Márquez). Una lección que no se debe olvidar. Los tiempos de hacer política quedan para las elecciones o para tejer acuerdos o estrategias. Para construir un país se requiere de una administración pública experta en su área, comprometida con la visión del presidente y consciente de que su responsabilidad es con el futuro de México y al diálogo abierto con la sociedad.  

 

Twitter: @jldg71