Pulso Económico

¿Izquierda Responsable?

De nuevo, declaraciones polémicas de AMLO. ¿Cómo debemos interpretarlas en esta ocasión? En mi opinión, ahora fueron atinadas y mucho más importante, aclaratorias.

A pesar de la burla continua de los "amlofóbicos", creo que las últimas declaraciones del presidente electo fueron atinadas y mucho más importante, aclaratorias.

Cuando dijo que recibía un país en bancarrota, la mayoría pensó en la ruina económica, la definición más socorrida de la palabra. Pues sí, por más mal que está el país, difícilmente podemos pensar en una ruina económica.

Sin embargo, como aclaró Gabriel Guerra en Twitter, según la Real Academia Española, también significa “hundimiento o descrédito de un sistema o doctrina”. Aquí sí habría que admitir, nos guste o no, que el sistema actual del país esta bastante desacreditado, razón por la cual ganó las elecciones AMLO.

No obstante, lo más importante no fue la supuesta bancarrota del país, sino la aclaración que hizo sobre las prioridades del nuevo gobierno. La crítica más reiterada que hemos escuchado a lo largo de los últimos meses es que sus números no cuadran. Si sumamos los recursos que necesita para llevar a cabo todos los proyectos, inversiones y programas que ha prometido, será necesario introducir nuevos impuestos, aumentar los actuales o incurrir en deuda.

Sin embargo, prometió no hacer nada de lo último. Si no alcanza el presupuesto, una de dos, tendrá que reducir o eliminar algunos de sus planes, o bien, buscar como financiarlos. La gran mayoría de los "amlofóbicos" juran que tarde o temprano recurrirá a un mayor endeudamiento, situación que nos llevará a desequilibrios macroeconómicos y más inflación.

No obstante, AMLO fue enfático. Él no llevará la economía a una nueva crisis. Si es que llegáramos a tener una, será por condiciones externas, o bien, porque el Banco de México no hizo bien su tarea. La culpa no será de él. En otras palabras, van en serio su conservadurismo fiscal y su afán de mantener los equilibrios macroeconómicos.

Mi interpretación es que AMLO y su equipo (por lo menos los que tomarán las decisiones) entienden bien la importancia de mantener los equilibrios macroeconómicos. En la década de los ochenta, en medio de la crisis de la deuda externa, sufrimos las consecuencias de una inflación elevada. Los desequilibrios no solamente no permitieron crecimiento económico (fue la famosa década perdida), sino que además los que más sufrieron fueron los desprotegidos.

Aumentó la pobreza y empeoró la distribución del ingreso. Las clases acomodadas se dolarizaron y conservaron su riqueza. Los más ricos se hicieron todavía más ricos. De hecho, muchos empresarios hicieron sus fortunas en ese periodo. Sin duda alguna, los que más perdieron fueron las clases populares, justo el segmento de la población que AMLO ahora no solo quiere proteger, sino ayudar a salir adelante.

Para esto, el presidente electo ha dicho reiteradamente que va a respetar la autonomía del Banco de México. ¿Por qué? Porque al final de cuentas, esta institución será uno de sus mejores aliados, ayudándolo a mantener los equilibrios necesarios y el poder adquisitivo de la población.

 

AMLO fue enfático. Él no llevará la economía a una nueva crisis. Si es que llegáramos a tener una, será por condiciones externas, o bien, porque el Banco de México no hizo bien su tarea. La culpa no será de él. En otras palabras, van en serio su conservadurismo fiscal y su afán de mantener los equilibrios macroeconómicos

 

Él hará su parte al manejar un presupuesto en forma responsable que evite un mayor endeudamiento del país. Gastará diferente. A lo mejor habrá rubros, programas y acciones que no gusten a muchos, pero definitivamente tenemos que estar de acuerdo en eliminar los gastos ostentosos, bajarle a la publicidad y reducir la burocracia. La mayoría hemos pedido a gritos a lo largo de este sexenio una reorientación del gasto. Habrá experimentos. Habrá cambios. Pero lo más importante es que se haga dentro de un marco de responsabilidad. Si el nuevo gobierno escoge este camino, el trabajo del Banco de México será relativamente sencillo.

¿Qué significa respetar la autonomía? Lo más obvio, es no promover ningún cambio constitucional en torno a su tarea actual y dejar que siga operando como ha venido a lo largo de las últimas dos décadas, con resultados positivos en términos de inflación.

Sin embargo, sin modificar ningún artículo de la Constitución o cambiar la ley, puede ir colocando poco a poco a gente de su confianza en la Junta de Gobierno. Manuel Ramos Francia termina su periodo el 31 de diciembre de este año, Javier Guzmán a finales de 2020 y Alejandro Díaz de León al final de diciembre de 2021. Si decide llevar este camino, a mediados de su sexenio tendría tres de los cinco votos de la Junta y, por tanto, control total sobre la política monetaria.

A este propósito, algunos de los nombres que han sonado son Mario di Costanzo, Mario Delgado, Adolfo Hellmund, Adalberto Palma, Alicia Bárcena y Abel Hibert. Sin embargo, muchos de estos ya aceptaron o están en las listas para otros puestos y no queda claro si cumplen con el perfil.

Legalmente, ¿qué se necesita para ser designado miembro de la Junta de Gobierno? La Ley del Banco de México está diseñada para que sean individuos con un elevado nivel técnico y profesional relevante.

“Deberán ser ciudadanos mexicanos por nacimiento, no tener más de sesenta y cinco años cumplidos en la fecha de inicio del periodo durante el cual desempeñarán su cargo, y gozar de reconocida competencia en materia monetaria, así como haber ocupado, por lo menos durante cinco años, cargos de alto nivel en el sistema financiero mexicano o en las dependencias, organismos o instituciones que ejerzan funciones de autoridad en materia financiera, entre otros. Dos de los cinco miembros no necesitan cumplir con el requisito de antigüedad, siempre y cuando sean profesionistas distinguidos en materia económica, financiera o jurídica. Con ello se permite la participación de personas que, como algunos académicos distinguidos, podrían aportar un caudal de valiosos conocimientos, aún sin haber tenido experiencia ejecutiva.”

Aparentemente, AMLO no tiene la intención de ir colocando gente de su confianza, sino a personas calificadas, independientes, con prestigio internacional y que sepan bien como funciona la política monetaria. Toda esta especulación terminará con la designación de la persona que tomará el lugar de Manuel Ramos Francia a partir del 1 de enero de 2019.

Sin embargo, insisto en que la mejor forma de respetar la autonomía es trabajar junto con el banco central para conservar los equilibrios macroeconómicos. La estabilidad de precios es un objetivo que le conviene a AMLO, dejará contenta a la población y fomentará un ambiente macroeconómico mucho más propicio para el crecimiento más elevado y sostenido que todos buscamos.