Sin Maniqueísmos

Libro del mes: Rafael Cabrera, Debo olvidar que existí

Elena Garro, la más incomprendida

Hace exactamente medio siglo, Elena Garro era una de las plumas más respetadas de México. Su opera prima, la novela Los recuerdos del porvenir (1963), ayudó a establecer el género del realismo mágico. Era periodista cultural de larga trayectoria y activista a favor de los derechos de campesinos.

Todo cambió un año después, cuando la Noche de Tlatelolco acabó no solo con las vidas de docenas de estudiantes sino también con la buena reputación de Garro.

De repente se encontró atacada, tanto por la prensa oficialista, que en el servicio de un gobierno que buscaba chivos expiatorios la tachó como coinstigadora de movimiento estudiantil, como por varios líderes de la izquierda, quienes la acusaron de traidora del mismo movimiento, debido a sus declaraciones en su contra.

 

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En un país cuyos dominios culturales tienden a polarizarse entre bandas opuestas, Garro era una mujer aparte, independiente y desafiante. Esta es la premisa que promueve Rafael Cabrera, cuya fascinante biografía Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro (Debate) rescata la autora del hechizo de décadas de malentendidos.

También la rescata de la sobreutilizada etiqueta “la otrora mujer de Octavio Paz”. Los logros literarios de Garro eran exclusivamente suyos. Igualmente eran suyos sus errores de juicio y sus actos impulsivos que la condujeron a pasar 25 años nómadas después del 68.

Entonces, ¿quién era Elena Garro? Debido a la consulta de una amplia gama de fuentes —varias de ellas analizadas por primera vez, gracias a la iniciativa incansable de Cabrera— he aquí un perfil desarrollado de una mujer sumamente compleja.

Sus convicciones sociales podían ser conservadoras y sus gustos personales aun elitistas, pero su corazón era liberal. Albergaba un profundo sentido de la justicia y mostraba una rabia honrada hacia los que cometieron abusos, dirigidos o a ella misma o a grupos desamparados.

“Su mejor arma era su lengua afilada, que laceraba con unas cuantas palabras”, nos cuenta Cabrera. Y de esta arma venían sus declaraciones controvertidas durante 1968.

No es que se opuso a los derechos civiles reclamados por los manifestantes. Más bien, se opuso a sus coqueteos con el comunismo y la resistencia armada y, sobre todo, a lo que consideró como la manipulación del movimiento por intelectuales mayores.

Según ella, los estudiantes fueron explotados como carne de cañón; los verdaderos responsables para su matanza no eran los del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz sino los demagogos que habían animado a los jóvenes desde sus cómodos sillones.

La primera mitad del libro es una obra de revisionismo construida como una novela policiaca: ¿era Garro culpable de fomentar o de traicionar el movimiento estudiantil?

Cabrera ágilmente entreteje los acontecimientos inmediatamente después de la matanza, días en que Garro se escondía sin saber en quién podía confiar, con esbozos sugerentes de su vida anterior.

El proceso es aleccionador: nos recuerda que Garro, como muchas mexicanas desde Malintzín, ha sido severamente juzgada a causa de su sexo. Que fácil ha sido catalogar a mujeres no conformistas como “traicioneras” o “locas”.

La segunda mitad consiste en la saga trágica de una huida casi interminable, de perseguidores reales e imaginados que la llevó con su hija a Nueva York, Madrid y Paris.

 

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Regresó a México solo cinco años antes de su muerte en 1998. No hubo fin feliz, pero nuestra recompensa es haber llegado a entender a una escritora importante en toda su contradictoria humanidad.

Se puede deducir que Cabrera está enamorado de la autora, pero esto no quita lo persuasivo de esta breve biografía, porque deja a plena vista los defectos del sujeto. Solo unas afirmaciones de lo obvio estorban la prosa.

Garro era una persona difícil y especial, pero este es un retrato cuya profunda empatía nos ayuda a ver detrás de la pesada cortina de una imagen pública contaminada por la misoginia.

Es más, nos ayuda a entender que los eventos del 68 fueron mucho más complicados que un simple enfrentamiento entre un gobierno represor, apoyado por aliados cooptados, y manifestantes inocentes, apoyados por intelectuales temerarios.