Banxico exageró al incrementar las tasas

08-06-2018 10:30 Por Arena Pública

No puedes llevar a cabo políticas expansivas y de enorme impacto sobre el poder adquisitivo del peso cuando está pasando lo contrario, dice el economista español y gestor de inversiones

Daniel Lacalle es gestor de fondos de inversión en Londres, doctor en economía y un prolífico escritor

En España es el economista del momento.

Sin duda es el conferencista más mediático sobre temas económicos y un escritor prolífico. Su más reciente libro (La gran trampa: por qué los bancos centrales están abonando el terreno para la próxima crisis) es todo un debate para un economista que sus críticos califican de “ultraliberal”. Pero para él no es novedad, sus últimos seis libros publicados desde 2013 también siguieron una ruta similar.

Daniel Lacalle es un defensor a capa y espada del liberalismo económico y, por lo tanto, un duro crítico de la actuación de los estados en las economías en los últimos años y de los políticos que los defienden. “El elefante de la economía mexicana es ese sector estatal extremadamente anquilosado, dinosáurico, muy poco innovador”, dice a rajatabla en la entrevista que sostuvimos previo a una de las conferencias que dictó en la Ciudad de México.

Directo, de mente vivaz, siempre buscando las analogías de la vida cotidiana para explicar la complejidad del fenónemo económico, deja ver su experiencia de profesor universitario pero, sobretodo, su diente afilado en su ya larga trayectoria como gestor de fondos de inversión, carrera que inició en Estados Unidos, y asentado ahora en Londres como economista en jefe en la firma Tressis.

Para LaCalle si bien México siempre es una opción interesante de inversión con un gran potencial entre las mayores economías de América Latina, sus riesgos han sido y son internos, y más ahora de cara a las elecciones presidenciales. “Todos los que se están presentando como salvadores de patrias y los que vienen a intentar mantener lo que está, todos están equivocados... su modelo debe empezar por romper su programa con el que se están presentando a las elecciones de ahora”. Y advierte aún más sobre México: Mucho cuidado con decir que no se puede estar peor.

La conversación la hace fácil el doctor en economía de 50 años y, naturalmente, el tiempo pasa volando. El día que dejemos de pensar que las soluciones económicas van a venir de pedirle favor a un político o a otro, entonces empezaremos a salir del problema. Así se despide, para regresar a una España incierta que acaba de cambiar de gobierno.

 

Desde tu escritorio en Londres y como gestor de fondos de inversiones ¿Cómo ves a México como destino de inversiones?

México, incluso en algunos momentos muy complicados, siempre se percibe como una economía en la que hay unas enormes oportunidades. Es una economía que tiene un potencial de crecimiento espectacular y que desafortunadamente no crece a su potencial. Probablemente en épocas de expansión podría crecer 150 a 170 puntos básicos más, anualmente, de lo que ahora crece. Y por lo tanto, es una economía en que por un lado se percibe como una gran oportunidad y por otro lado siempre se han percibido una serie de riesgos que son más bien internos: el riesgo político, el regulatorio y el riesgo en cuanto a legislación.

A mí me parece que si nosotros nos planteamos ahora mismo un escenario de ¿cómo está el mundo? Si alguien tiene que poner dólares en Latinoamérica, México es un país privilegiado para invertir: por la población, por la calidad de las instituciones, por la complejidad y calidad del sector financiero. La verdad es que es un país que vale la pena, en general. Yo creo que hay que verlo desde ese punto de vista.

 

Dijiste, en un artículo de 2015, que el riesgo de México es el costo de oportunidad de no cumplir con su potencial ¿Sigues pensando lo mismo, que ése es el riego más importante?

Es uno de los riesgos más importantes. Siempre que escucho a los políticos, hablan desde una complacencia como si el problema de México fuese de redistribución o de soluciones mágicas en vez de fortalecer, de facilitar ese potencial.

Es una pena que, en los últimos años, mientras las economías del mundo se recuperaban, teníamos que revisar a la baja las estimaciones de crecimiento de México y es una pena que cuando nos presentamos a unas elecciones como las que vienen ahora, lo que escuchamos – en vez de decir vamos a recuperar nuestro potencial- en muchos casos es vamos a ponerle todavía más freno a nuestro potencial.

 

Pareciera ser que las instituciones políticas que están capturadas por pequeñas élites en México a su vez se sirven de las instituciones económicas que a su vez capturan al resto de la economía. ¿Qué piensas acerca de esto?

Yo no lo haría tan simple. Hay en todos los estratos de la sociedad civil -y no solo en las élites sino en los sindicatos- una enorme complacencia. Cuando uno habla con los sindicatos de profesores, el de Pemex, partes de la sociedad civil, incluso asociaciones de empresarios; hay un nivel de complacencia muy importante. Muchas veces tendemos a echarle la culpa de los problemas de los países a esas élites extractivas y nos olvidamos de que si se dan, en muchas ocasiones viene por un confort en toda la sociedad civil que lo acepta y que además en muchos casos se lucra de ellos.

 

Mira la entrevista completa con Daniel Lacalle en video

 

Las instituciones financieras en México son muy avanzadas, desde el punto de vista de corrupción y cuestiones de riesgo político a México le pasa algo muy parecido a lo que le pasa a España; se utiliza la corrupción como táctica política, como arma entre facciones distintas, pero no como algo que digas, “oye vamos entre todos a solucionar este problema”.

¿Cómo se soluciona? Se soluciona con un poder judicial independiente, con poder y capacidad de acción. No se soluciona dándole más poder a otro político o utilizando -yo lo llamo Barcelona-Madrid- la corrupción como si la de tu rival es muy mala y la del tuyo la justificas diciendo que es por el pueblo o por casualidades de la vida.

Si miramos México como país en cuanto a riesgo político, está más en cuestiones como la discrecionalidad en la legislación y más que en cuestiones – que por supuesto hay que atacar y atajar- como las de la corrupción.

 

Esta complacencia que mencionas ¿Te estás refiriendo al rentismo que existe en la economía como la extracción de beneficios individuales desde las grandes mayorías?

Sí, es el rentismo. La extracción de rentas buscando una renta de posición: “Cómo yo estoy aquí, tengo que recibir una remuneración”. El famoso, “¿Qué hay de lo mío?”.

Viniendo de España lo hemos vivido y lo vivimos con cierta regularidad. Ese rentismo es muy peligroso porque hace que la capacidad de innovación, la competitividad y el desarrollo económico sea más lento porque hay demasiada gente en todos los estratos de la sociedad civil, de los agentes económicos; que están cómodos con lo que hay y se pierde mucho. Se habla de redistribuir, pero el problema no es de redistribución, el problema es de creación de riquezas.

 

Durante décadas los niveles de productividad en la economía y los niveles de crecimiento en México han sido bastante mediocres. ¿Dirías que ésas son las políticas fallidas? Se han intentado una serie de cambios, de reformas, de modelos que algunos políticos han vendido en épocas electorales y han pasado distintos partidos por la silla presidencial; sin embargo estos indicadores se mantienen estáticos.

Imagínenos que nosotros tenemos esta habitación, con estos maravillosos muebles, esta decoración y la habitación está hecha un desastre: los muebles están rotos, está todo destrozado. Y en medio de la habitación hay un enorme elefante y nosotros intentamos decir: “Bueno a ver cómo solucionamos redecorando, pintando las paredes, pasando un poco el polvo” ¡No! ¡El problema es el elefante!

El elefante de la economía mexicana es ese sector estatal extremadamente anquilosado, dinosáurico, muy poco innovador y que además cuando los países centran toda su actividad en mantener el ‘estatus quo’ de sectores de baja productividad y de baja innovación, una de las maneras de proteger a esos sectores es evitando la innovación de los competidores. No solamente se busca proteger al ineficiente, sino que además se intenta imposibilitar el crecimiento del eficiente.

Y esa ha sido una política que, en mayor o menor medida, con distintas reformas -algunas de ellas de mucho éxito y otras menos- siempre ha habido un objetivo: sostener a toda costa a un sector estatal-empresarial absolutamente ineficiente y, por lo tanto, nunca se ha buscado una solución al problema del elefante en la habitación.

 

El elefante de la economía mexicana es ese sector estatal extremadamente anquilosado, dinosáurico, muy poco innovador y que además cuando los países centran toda su actividad en mantener el ‘estatus quo’ de sectores de baja productividad y de baja innovación, una de las maneras de proteger a esos sectores es evitando la innovación de los competidores. No solamente se busca proteger al ineficiente, sino que además se intenta imposibilitar el crecimiento del eficiente

 

 

Hace poco se publicó el Índice de Libertad Económica donde México está en el lugar 63. Pero llaman la atención dos cosas: uno es la ‘Integridad del Gobierno’ calificado con 26.9, y un ‘sistema judicial ineficaz’ con 39 puntos, de 100. Dos áreas clave para la inversión. ¿Cómo explicar esto? Estamos en campañas electorales, pero ¿realmente la clase política que se beneficia de esto, va a hacer una labor casi de martirio, de auto crucifixión, para poder salir de estos indicadores?

No va a ocurrir. Son dos indicadores: debilidad del poder judicial y del sector político -que son el mismo. ¿Lo va a solucionar alguien que venga de esa misma clase política aunque se arrogue la condición de ser ‘el pueblo y salvador de la patria’?

No tenemos más que ver la historia de México o la de España. Todos los que se presentan como grandes adalides contra la corrupción resulta que son, precisamente, los que perpetúan esa ineficiencia y esas deficiencias del sector público. De donde va a venir es de la sociedad civil: de las pequeñas y medianas empresas, de las familias, de los empresarios que no están en ese capitalismo de cuates. Tiene que venir de todos esos que dicen: Este país es muy grande en todos los sentidos, no solamente en tamaño en población, sino muy grande -con ‘g’ mayúscula- de grandeza. Este país tiene que ser un líder en el crecimiento mundial en el futuro.

Y, lo siento mucho, todos los que se están presentando como salvadores de patrias y los que vienen a intentar mantener lo que está, todos están equivocados. Todos están planteando una solución: que para solucionar los problemas de un sector público ineficiente y con demasiada interferencia del sector público hay que darles más poder, más dinero y más control a los políticos. Y no va a funcionar, porque no ha funcionado nunca.

Por ejemplo, escucho algunos de estos ‘salvadores’ que vienen con supuestas ideas nuevas a decir que su modelo es los países nórdicos. ¡Pues simplemente no! En los países nórdicos los funcionarios no están de por vida, las decisiones políticas no son discrecionales, se toman desde la sociedad civil. Los países nórdicos son líderes en financiación, en empresariado privado, en libertad económica. Si su modelo son los países nórdicos, su modelo debe empezar por romper su programa con el que se están presentando a las elecciones de ahora.

 

Es la sociedad civil de dónde tiene que venir esta ruptura. Pero, ¿cómo es la manera de que la sociedad civil participe, porque estamos frente a una sociedad civil poco participativa?

Tenemos una sociedad civil que lo que busca es extraerse del Estado al máximo. Ayer estuve en una charla con un diputado que explicaba que en México menos del 12% de la población lleva actas notariales de su propiedad ¡Esto es impresionante! Eso básicamente lo que busca es estar lo más lejos posible de un sistema político del que no quieres saber nada.

En vez de pensarlo de esa manera, lo que tenemos que pensar es tener asociaciones de consumidores, de empresarios, de profesionales independientes, de jueces. Pero todas esas asociaciones sin recibir un solo peso de subvenciones del Estado; completa y absolutamente independientes. Entonces, nuestro poder como votantes, como ciudadanos -a los que el poder político debe servir- es como se sale adelante.

Los países nórdicos, las sociedades más avanzadas que consideramos como modelos, todas han generado un crecimiento de la sociedad civil desde esa forma de protestar, que es exigir tus verdaderos derechos. Aquí se habla de derechos normalmente desde un punto de vista rentista, derecho que el Estado me de unos pesos. No, derechos desde un punto de vista de libertad y de capacidad de organización.

 

Hoy estamos hablando mucho de populismos. Enrique Krauze decía que el populismo es una deformación de la democracia, donde al populista se le vincula a la gente por encima, en contra, o al margen de las instituciones o de la ley. En este sentido diríamos que en México solo hemos tenido gobiernos populistas. ¿Cómo entender el término populista en una sociedad donde la desigualdad y la pobreza prácticamente se han perpetuado en las últimas décadas y donde la corrupción en el sector público es paisaje?

Fundamentalmente desde esa idea de identificar gobernante con pueblo. Utilizar constantemente la retórica de ‘nosotros contra alguien’, hay siempre un enemigo. Somos nosotros y yo soy el pueblo y los otros están contra mí y por lo tanto como gobernante – o político populista- como yo soy el pueblo y solamente yo tengo el bienestar del pueblo en mi mente, si me equivoco la culpa no es mía.

La culpa siempre será de mi enemigo exterior, un enemigo que constantemente utilizaré: Estados Unidos, los poderes económicos, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o cualquier cosa. Es la manera más fácil de esconder los fracasos de las políticas intervencionistas. Es decir: “yo lo hice por buena voluntad, porque yo tenía en mente el bienestar del pueblo y por lo tanto no es culpa mía. No es culpa mía que yo haya dicho que dos más dos suman 22”.

Publicaste un tuit hace unos días donde decías: “México corre el riesgo de seguir a Argentina, Turquía y Brasil en la parada en seco”. No estamos creciendo a un ritmo como deberíamos, pero ‘parada en seco’ quiere decir que las inversiones no van a llegar a México. Luego agregas en este tuit “a los riesgos de la economía hay que añadir el riesgo político ante la posibilidad de un candidato presidente filo-castrista”.

¿Crees que la llegada de López Obrador -hablando concretamente de un candidato que hoy tiene más del 50% de las preferencias de voto en prácticamente todas las encuestas- ‘parará en seco’ a la economía mexicana?

La llegada de López Obrador es una señal de alarma muy grande. La primera señal de alarma es que ante la evidencia del fracaso constante de las políticas estatistas se prefiere algo mucho más estatista como solución.

¿Por qué puede parar en seco la economía mexicana? Porque ya lo hemos vivido, desafortunadamente. La idea mágica de la autarquía la sufrimos en México; la idea desastrosa de la utilización de la política monetaria para intentar cubrir riesgos y problemas estructurales; la utilización constante de la idea de que haciendo pobres a los ricos vas a hacer ricos a los pobres, que es mentira y que nunca ha ocurrido.

Claro que lo puede hacer, fundamentalmente porque se introduce esa discrecionalidad que hablábamos antes. Es decir, no es lo mismo que tú tengas un político populista en un país con unas instituciones independientes donde ese político puede decir lo que le dé la gana, pero luego no lo puede hacer.

Lo hemos vivido con políticos populistas en Estados Unidos, lo hemos vivido con políticos populistas, incluso en Grecia. A tenerlo en un país en el que la debilidad del sector judicial y la debilidad del sector público sea tan grandes que esa persona o esas personas tengan una capacidad mucho mayor de destruir desde la buena voluntad. El hecho de que una persona vaya en dirección contraria por la autopista, con buena voluntad, no evita que haya accidentes y probablemente mortales.

Entonces me preocupa mucho, porque la mayoría de la gente con la que he hablado en estos días me está diciendo exactamente lo mismo que se decía en 1999 con Chávez en Venezuela, o lo mismo que se decía con Correa en Ecuador. “No hombre, no se va a atrever a hacer lo que dice que va a hacer...”. Eso es peligroso, porque si yo digo que voy a hacer esto, esto y esto, y la gente me vota diciendo bueno, pero no lo va a hacer.... Sí que puede hacerlo, sobre todo cuando  no tengo esos checks and balances, esas instituciones independientes que me paran.

 

La llegada de López Obrador es una señal de alarma muy grande. La primera señal de alarma es que ante la evidencia del fracaso constante de las políticas estatistas se prefiere algo mucho más estatista como solución.

 

 

Vamos a tener los mexicanos una boleta electoral con cuatro opciones. Una prácticamente no cuenta, y hay otras tres: El gobierno actual, con su candidato; el candidato Ricardo Anaya, del Partido Acción Nacional, unido increíblemente con la izquierda; y luego López Obrador. Es decir, el ciudadano mexicano se enfrenta a esas alternativas dentro de algunos días más en la boleta electoral. Y junto a esto tiene un sentimiento de desesperación, un sentimiento de estar apabullado por temas como los que hemos platicado, de la corrupción, de la violencia, en un país que se ha venido degradando socialmente, sin ninguna duda.

¿Qué hacer? Yo sé que eres un economista que está mirando desde Londres dónde invertir, pero ¿qué hacer, para un ciudadano mexicano, antes estas alternativas? Porque son las alternativas que hay en México.

Lo que le diría primero a un votante mexicano, igual que a uno español, a uno griego o a uno islandés, es: mucho cuidado con partir de un análisis en el que digas “peor no podemos estar”. Ojo, porque esa es la mayor falacia. La primera trampa del populismo es “Dénme poder para hacer locuras porque peor no pueden estar”. Mentira, puedes estar mucho peor y la evidencia la tenemos en países desafortunadamente muy cercanos.

Primero, puedes estar mucho peor. Dos: cuando votas en México en una situación efectivamente de descontento, con retos muy importantes para la economía, no solamente tienes que votar ‘por’, tienes que votar ‘contra’. Eso nos ha pasado en España, nos ha pasado en Portugal, nos ha pasado en Francia, ha pasado en muchos países. No solamente tienes que votar lo que consideras es bueno para ti y para tu país, tienes que votar contra lo que es malo para ti y para tu país.

A partir de ahí, obviamente, no le voy a decir a la gente por quién votar. Es verdad que cuando tienes esas posibilidades, normalmente el ciudadano dice “Si todos son lo mismo”. Segunda trampa del populismo: todos son lo mismo. No, no todos son lo mismo.

Entonces, no es verdad que no puedas estar peor. No es verdad que todos sean lo mismo. Y tres, no solamente tienes que votar a favor de algo que crees que es bueno, sino en contra de algo que crees que es muy malo.

 

Lo que le diría primero a un votante mexicano, igual que a uno español, a uno griego o a uno islandés, es: mucho cuidado con partir de un análisis en el que digas “peor no podemos estar”. Ojo, porque esa es la mayor falacia. La primera trampa del populismo es “Dénme poder para hacer locuras porque peor no pueden estar”. Mentira, puedes estar mucho peor y la evidencia la tenemos en países desafortunadamente muy cercanos.

 

Hace poco publicaste un libro acerca de los bancos centrales, un libro muy interesante y que es necesario que leamos todos. ¿Cómo ves al Banco de México hoy en día con su política monetaria?

Vamos a ir por lo positivo y lo negativo, a mí no me gusta ser maniqueo. Positivo: impresionante el nivel de independencia que tiene el banco central de  México considerando todos los factores de riesgo que hablábamos antes. Muy importante.

Segundo positivo: el banco central de México tiene algunos de los mejores profesionales del mundo en análisis de la política monetaria y de los efectos de la política monetaria y de la economía. Muy buenos profesionales, nivel de independencia mucho mayor de lo que cualquiera se podría imaginar, sobre todo comparado con el banco central de Argentiina o de Brasil.

 

Bueno, estas comparaciones son un poco…

…Pero es que estamos hablando de las mayores economías de Latinoamérica. Y de nuevo, volvamos a lo que decíamos antes de no podemos estar peor. Ojo: se puede estar peor.

Negativos: el banco central de México siempre ha tenido una visión de su capacidad de controlar los precios y su capacidad de generar estabilidad en los mercados financieros, demasiado alta.

Lo primero que debería entender cualquier gobernador del banco central de México es: alrededor del 65% de mi economía está dolarizada. Por lo tanto, el aumento de la masa monetaria y el movimiento de las tasas es completamente infructuoso con respecto al objetivo de controlar los precios y, sin embargo, absolutamente devastador en el poder adquisitivo de los ciudadanos y en la capacidad de invertir, etcétera.

Por lo tanto lo primero que tendrías que ser es, consciente de que es una economía mucho más dolarizada de lo que te gustaría creer…

 

… ¿Seguir a la Fed entonces?

Pues ser más cercano a la Fed, porque entre otras cosas el riesgo de la parada en seco se genera cuando, a pesar de que la Reserva Federal, todos los días, a todas horas, todos los miembros de la Reserva Federal te están diciendo que la política expansiva se acaba, que se acaba.

Hoy, el gobernador del banco central de la India se ha quejado de que los problemas de la India vienen de una política de la Reserva Federal que no estaba esperada. ¿Cómo que no estaba esperada? ¿Quién no ha oído 17 veces que las tasas van a subir y que no se va a aumentar la masa monetaria?

Por lo tanto, como economía muy dolarizada y a la vez una economía con unos retos importantes, no puedes tener la política monetaria contraria; no puedes llevar a cabo políticas expansivas y de enorme impacto sobre el poder adquisitivo del peso cuando está pasando lo contrario. Tienes que ser más consciente de que ese flujo de dólares durante la época de los cuantitative easings, uno dos y tres, se ha acabado. Nada más.

 

Lo primero que debería entender cualquier gobernador del banco central de México es: alrededor del 65% de mi economía está dolarizada. Por lo tanto, el aumento de la masa monetaria y el movimiento de las tasas es completamente infructuoso con respecto al objetivo de controlar los precios y, sin embargo, absolutamente devastador en el poder adquisitivo de los ciudadanos y en la capacidad de invertir, etcétera.

Por lo tanto lo primero que tendrías que ser es, consciente de que es una economía mucho más dolarizada de lo que te gustaría creer…

 

Para decirlo para la mayor parte de la gente: el banco central ha exagerado en su incremento de tasas de interés en los últimos meses y años.

Totalmente. Cuando eres una moneda de reserva del mundo, al subir o bajar las tasas de interés puedes más o menos controlar o tener una idea de qué impacto tiene sobre la economía, porque tú estás constantemente analizando su impacto en el mercado secundario.

Cuando tú no eres la moneda de reserva del mundo y te dedicas a subir y bajar las tasas de interés de manera agresiva, ¿qué es lo que ocurre?: Si subes las tasas de interés no estás preservando las reservas, de hecho estás dando miedo. Cuando a mí Argentina me dice: “subimos las tasas de interés al 40%” ¿me apetece dejar mis depósitos en un banco argentino o me apetece irme? Eso lo entiende cualquier ciudadano de aquí.

Entonces lo que estas personas muy preparadas deben entender es el efecto de lo que estás generando. Si dices: Voy a subir las tasas de interés porque me estoy quedando sin reservas, tú no haces que la gente diga: voy a poner mi dinero en el banco. Haces que la gente diga venga, voy a sacar mi dinero del banco. Porque aunque tú no digas me estoy quedando sin reservas –por supuesto, no lo dicen-, los ciudadanos lo perciben. ¿Cómo lo perciben? En la devaluación.

 

Una de las críticas que se le ha hecho a México recurrentemente es que siempre ha apostado a un solo factor. A finales de los años 70, comienzos de los 80, apostó al petróleo y todo fue hacia el petróleo .Y en los últimos 25 años hemos apostado al TLCAN y todo se apostó al TLCAN y no se hizo nada, ni a partir del petróleo ni a partir del TLCAN, con el resto de la economía. Hoy estamos en una fase de renegociación del TLCAN sujetos a los vaivenes de un presidente como Trump que es muy caprichoso. Y México parece ser que está bailando al son que le toca Trump.

Fíjate que a mí me parece sorprendente que México lleve a cabo esa política de concentrar el esfuerzo estatal en un sector, y además ¿eso qué significa? Subvenciones, ‘efectos llamada’ falsos.

El sector del acero… ¿qué hace México con semejante sector del acero? Tiene sobrecapacidad, no para la demanda mexicana sino para lo que vende dentro y para lo que exporta, todavía tiene sobrecapacidad. Y a eso le añades a un sector que ya tiene sobrecapacidad en Estados Unidos, en Canadá, en Reino Unido, en Noruega y en China. ¿Qué haces?

Uno de los problemas es esa visión autárquica que también viene en el programa, por ejemplo de López Obrador: Vamos a construir refinerías. ¿Cómo vas a construir refinerías? ¿Estás loco? Hay 12 millones y medio de barriles de exceso de capacidad en el mercado de refino. ¿Para qué? Es lo mismo que decir: Tengo un supermercado que vende poco y voy a construir un supermercado al lado.

Primer problema: ese ‘efecto llamada’ equivocado. El segundo problema es ignorar toda la baraja de enormes oportunidades que tiene México. México es uno de los países que más tratados bilaterales tiene  con el mundo. Increíble. Y sin embargo, si tú miras las exportaciones de las empresas mexicanas, las empresas mexicanas en general no exportan prácticamente nada, la inmensa mayoría. Y las que exportan, exportan muy poco. Y luego hay uno, dos, tres, cuatro grupos que exportan mucho, pero la cantidad es muy pequeña en la inmensa mayoría de las empresas, …y tienes todo un mundo.

 

Pero esto es producto del rentismo interno: ¿Para qué voy a estar corriendo riesgos afuera si aquí tengo tasas de ganancias elevadísimas?

Claro, el para qué y qué hay de lo mío. ¡Que nos pasa en España! Parece que está aquí un economista español dando ejemplo de lo que pasa en España, donde miras regiones completas que dicen “Bueno, ¿para qué? Ya vendrá alguien y me rescatará”.

Enorme cantidad de tratados bilaterales. Vuelvo otra vez -porque no entiendo porque no se valora- un sector financiero con un nivel de profesionalidad y capacidad espectacular. Y adicionalmente lo que tienes es una enorme competitividad en sectores de alto valor añadido; lo que pasa es que son empresas son muy pequeñas.

Entonces si tú tomas ese sector financiero que dedica la inmensa mayoría de su poder de prestar a sectores de baja productividad y estatales y dices: “Vamos a hacer un programa potente de crowdfunding, de inversión en que crezcan nuestras pymes, nuestras pequeñas empresas, en ayudar a la exportación”. A mi me sorprende la bajísima eficiencia de las ayudas a la exportación. No me refiero a subvenciones, me refiero con todo lo que tiene que ver, por ejemplo, con el aseguramiento de crédito, con tantas otras cosas.

A mí lo que me exaspera cuando voy a mi país, a España, y cuando vengo a México, es ver el potencial. Y eso nos ha venido, en el caso de México, porque tenías el mayor mercado del mundo al lado, y no te tenías que preocupar. Pero resulta que llevamos con políticas proteccionistas mucho tiempo. Los primeros aranceles al aluminio y al acero los puso al acero George W. Bush en 2001 o 2002. Los tuvo que retirar en el 2003, pero los puso. Entre 2008 y 2016 Obama introdujo más medidas proteccionistas que ningún otro país de la OCDE.

Entonces vamos a ver esas ventajas y vamos a aprovecharlas. Yo creo que es ahí donde hay un gran potencial.

 

Tenemos quizá una toma de decisiones económicas sumida en intereses políticos que no acabamos de resolver,  entre otras cosas.

Probablemente. Igual que en España, o en Italia, el día que dejemos de pensar que las soluciones económicas van a venir de pedirle favor a un político o a otro, entonces empezaremos a salir del problema. Que es en realidad, si lo piensas, como en España salimos del problema. En España salimos del problema cuando ya no había ninguna posibilidad de acudir al político porque se llevó por delante la economía en 2011.

 

Esperemos que haya un despertar en ese sentido en México.

Estoy muy convencido. Ayer di una charla en la universidad y estaba viendo a los chavales y decía “Uff, esta gente se va a comer el mundo”. Estos señores políticos que nos están viendo, deberían pensar: “Se van a comer el mundo aquí, en mi país, y traer valor añadido aquí o, se van a ir a crear valor para otros países”.